ME NIEGO

Reflejo en el espejo

“¿Qué necesitas para sentir que estás preparada para mostrarte al mundo?” Esa pregunta que me hizo una amiga hace unos días me ha tenido pensando…

¿Cuánta formación? ¿cuántos cursos? ¿cuánto más?

Estamos acostumbrados a vivir etiquetados y a definirnos por los estándares que nos marcan otros y cuando nos salimos un poquito de esas clasificaciones nos da miedo, dudamos. Se tambalean nuestras creencias.

Llevo mucho tiempo interesada por asuntos y por temas que no son relativos a mi profesión actual. He leído mucho sobre ellos, me he formado extensamente, he aprendido suficiente en mis propias carnes (haciendo procesos, terapias, cursos…) y también aplicando cosas que ya sé con otras personas, sin tener que ponerle un nombre. Sin embargo, de alguna manera todavía siento que me falta algo más, que  no es suficiente.

Pero…¿cuánto más?

Nos enseñan que a una edad muy temprana escoges un camino – cuando ni siquiera sabes quién eres ni qué estás escogiendo – y ese camino es el que va a marcar tu vida y quién eres para siempre.

Me niego.

Me niego a que quién soy lo defina una carrera, una profesión o una etiqueta que alguien decida ponerme.

Me niego a aceptar que si elijo una cosa, automáticamente estoy descartando todas las demás. – ¿Por qué?

Me niego a frenarme a intentar cosas nuevas porque en algún momento de mi vida haya comprado (y aceptado) que si eliges un camino no puedes desviarte o no puedes hacer dos cosas a la vez. O tres. O diez. O veintisiete.

Me niego.

Me niego, pero aun así me da miedo. Lo confieso, da miedo atreverse a intentar cosas nuevas, abrirse al mundo y hacer algo que los demás no esperan. Que los demás no hacen. Que te saca de esa etiqueta que te habían (habías) puesto.

Me ha costado muchos meses decidirme a emprender en paralelo y hacer algo totalmente diferente de mi profesión actual. 

Dudo cada vez que quiero compartir o explicar algo que me haya llamado la atención, que haya descubierto o sobre lo que haya reflexionado. 

Dudo, me freno. Publico. Borro. Repito.

No estoy descubriendo nada nuevo, esa sensación tiene un nombre y se llama síndrome de la impostora y tiene que ver con no sentirse suficiente para algo, cuando ya estás demostrando que sí que lo eres solo por el hecho de hacerlo.

Por eso he decidido que este es otro fantasma más que quiero desterrar de mi vida. Seguramente no conseguiré que salga de mi casa todos los días y estoy convencida de que casi continuamente tendré muchas visitas suyas incómodas e inesperadas. 

Pero ya sabéis, a tenaz y persistente pocos me ganan.

· · ·

¿Cuál es tu etiqueta? ¿Qué te gustaría hacer y no te lanzas por miedo al qué dirán?

Te leo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *