
Ser vulnerable me hace más fuerte.
Suena a contrasentido, ¿verdad? Sin embargo hoy, por mi experiencia, puedo decir que para mí no lo es. Quizá para ti sí.
O quizá no te lo hayas cuestionado.
Tal y como yo lo veo, la vulnerabilidad es una fortaleza que te acerca más a reconocerte en quien eres, a tu verdad, sin el juego de corazas ni artificios.
El problema con sentirnos vulnerables es que le ponemos mente y por tanto le asignamos un juicio (en este caso) negativo. Y la mente, aunque como compañera de viaje sentada en el asiento del copiloto nos puede ser muy útil (y de hecho, lo es) para muchas cosas, deja de ser provechosa cuando la ponemos al volante.

Me ha llevado mucho tiempo (digamos que ni más ni menos toda mi vida) ser consciente de que tengo esta fortaleza, de hecho, todos la tenemos y lo único que varía es la relación que establecemos con ella. Y darme cuenta que cuanto más me conecto con mi vulnerabilidad, más me conecto con mi corazón, con mi esencia y con quien verdaderamente soy. Y es por eso que cada vez quiero ser más vulnerable, mostrarme más sin coraza y sin muro. Las corazas, los muros que construimos solo nos sirven para quedarnos atrapados dentro de ellos…y ahí nos quedamos solos.
Y además no nos protegen de nada. Únicamente de vivir.
¿Y quién no quiere vivir? ¿Quién no quiere sentirse auténtico? ¿Quién no quiere sentirse conectado? Con los demás, con la verdad, con la vida…
En mi caso, cada vez tengo más claro que quiero una vida vivida, conectada y auténtica donde me reconozca verdaderamente e mi ser.

Y nadie que viva sale de esta aventura así sin ningún rasguño o cicatriz.
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¿Y tú? ¿Te sientes débil o te sientes vulnerable?
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